Jugando al ajedrez

Jugando al ajedrez

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miércoles, 15 noviembre 2017
News

“¿Cuántas razones necesitas para jugar ajedrez?”

No sería precisamente necesaria una tercera guerra mundial, ni siquiera ofrecer un dominio excesivo; basta con sentirnos desafiados para acceder y demostrar qué tanto podemos dar de nosotros sin importar las limitaciones, los conflictos, las críticas e incluso desconociendo totalmente la procedencia de nuestro oponente.

El texto escrito por el señor Evelio José Rosero “Juega el amor”, nos permite interiorizar un poco ese concepto, de cómo una hermosa soberana, envenenada con el dulce sabor del conocimiento, dotada con una envidiable agilidad para jugar ajedrez, se permite desafiar a cuanto ser existiese, poniendo como premio su vida, su reino, su sutileza como dama, su singular belleza envuelta en un manto de agresividad y glamur.

Obviamente, ante esa opción hay mucho que pensar: el poder. Con esto no sólo el hecho de grandes propiedades y exceso de dinero, me refiero puntualmente al hecho de saber que se puede renunciar incluso a los deseos que se tienen, por saber que somos mejores, por demostrar al mundo que aunque todos sabemos en diferentes aspectos, a muchos nos faltan incontables experiencias por vivir, cosas por conocer, infinidad de entes por pensar y cientos de situaciones que superar.

Quizás la damisela de la historia, convencida de su talento y envuelta en soberbia (situación que creo no es presentada con mucha frecuencia en los ajedrecistas actuales) pensó que podía pasar sobre todo y por encima de todos, haciendo muertes a diestra y siniestra. En este punto es similar el hecho de saber que en un torneo quienes ganan continúan en el juego y el perdedor no tiene más opción que ser olvidado, siendo sacado de una lista y con las oportunidades de hacer las cosas mejor en forma de ceniza.

Sin embargo, como en la vida real, hay quienes vienen dispuestos a dar todo por nada, sin temores, conscientes y seguros de qué tanto tienen, de qué pueden dar, qué desean obtener y una serie de estrategias para conseguirlo, sin importar apariencia, sin ser relevante su procedencia. Es allí donde puedo hacer una particular relación con lo aprendido en mis clases de ajedrez: la metodología estratégica, el planear, intentar, permiten obtener poco a poco lo que añoramos; lo enuncio por que reconocer que jugar ajedrez es más que saber mover piezas, realizar jugadas prediseñadas o sorprender con maravillosos ataques, trasciende…

Es lindo pensar que hay personas que han pasado su vida entera estudiando movimientos para hacer magníficas combinaciones; de cierta manera me generan un celo pero es algo pasajero, al final cada quien tiene su talento y procurar explorar otros campos no es malo, solo que debemos no permitirnos morir en el intento y, por el contrario, basta con guardar suficiente sigilo para enfrentar al gran juez de nuestra realidad: nosotros mismos. Esto lo relaciono en la historia, con la situación del joven que logró estremecer a la reina y demostrarle que no siempre se gana, pero que esto no implica perder.

La historia, algo fantasiosa pero bien entretenida, da unas herramientas bastante poderosas no solo a nivel del juego, sino en un sentido real: Se requiere sólo la insaciable codicia de encontrar a alguien que nos complemente mediante la provocación, para darnos cuenta qué tan vacíos hemos estado durante toda la vida.

Para finalizar, podría decir que: Aunque en el juego, como en la guerra y en el amor todo se vale, en ocasiones no son suficientes las tácticas que conocemos, no es oportuno derrumbarnos ante lo que acontece, ni mucho menos dejar pasar las oportunidades.

Imagen tomada de Internet

… en silencio te acercaste a mi oído, tratando de desafiarme. Fué un hermoso susurro que me erizó la piel, no comprendía bien tu voz. Tal vez no hablabas mi idioma, no pude ver tu rostro, de hecho aún no tengo la certeza de saber si estabas o no ahí. Quizás lo que tenías para darme solo lo dejaste posado en ese tablero, entrelazando los tonos para recordarme que siempre hay dificultades, pero un paso adelante siempre habrá algo mejor, o bien, solo que estando bien tendré que caer para levantarme.

Ahora que lo pienso, solo dejaste que mis ojos se fundieran en los tuyos y que mi piel se consumiera centímetro a centímetro con tu tibia respiración mientras decías algo que intento descifrar… Creo que dijiste que todo en la vida importa, desde lo mas particular que es la sangre que reina nuestro cuerpo (rey), hasta aquél cabello que hemos de perder en la vejez (peones). Sin embargo, recuerdo que pronunciaste algo referente al blanco cabello: una cana no significa que estés anciana, es el sello que te permitirá decir que has vivido más que otros y por lo tanto te dará ventajas y beneficios sobre otros que no logran concebirlo como virtud (coronación).

Me regalaste un par de hermosas armas para usarlas como bloques laterales (torres), protegiendo mi vida vertical y horizontalmente, y me aseguraste que eran incluso más poderosas que un lanzacohetes (alfiles) que diagonalmente terminan por destruir igual cantidad que un campo minado en L (caballos). Que si te descuidas arrasan contigo y demás, que debía reconocer que siendo la dueña de mi vida (dama), en medio de mi fuego al andar, al direccionar y sobrepasar la fuerza volcánica de mis límites, debía tener paciencia y ser cautelosa al decidir y vivir.

Me diste 8 elementos (peones) para continuar en la batalla de la realidad experimentada de la juventud (partida): Soberanía, exactitud, inteligencia, estrategia, agilidad, astucia, velocidad y búsqueda de la libertad. Pero es cierto: siempre tendré una contra parte llamada desafío (oponente) que al final terminará por derrotarme (jaque mate) o me enseñará cómo no debo continuar (jaque) o bien, podré yo victoriosamente llegar al filo del éxito (triunfo en la partida). Aunque, dependiendo del enigmático agente que me desafíe, podría darle una segunda oportunidad permitiendo que en su compañía sonría por haber disfrutado (tablas).

Ahora comprendo: Me dijiste que el Ajedrez era esa esencia que necesitaba para volver a sentirme viva y tener buenas razones para continuar.

por Guerrera_sin_armadura

One Comment

  1. Robinsson Villalba Suárez says:

    Es un buen artículo. Hermosa reflexión. Las relaciones con los demás es vista, a veces no como una interacción de sentimientos, emociones, actitudes, interesés; si no como una lucha, silenciosa en ocasiones, ruidosa en otras, de voluntades. Buscamos imponernos sobre los demás, valorando más lo propio que lo ajeno, olvidándo que los demás seres, nos dan aportes maravillosos a nuestra existencia. Personalmente, han bastado fugaces momentos donados por otros que han iluminado mi derrotero en este mundo, enseñandome que ha más de una manera de vivir y jugar.

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